Cotidianeidad

lunes, 16 de junio de 2008
Estaba sentada en el piso afuera del baño, ojeando a la tele hacia su izquierda. La puerta entreabierta la dejaba escuchar al agua de la ducha que caía a sus espaldas. Se paró y se miró en el espejo.

"Sabías que me encantás, ¿no?" Su voz retumbó desde el baño, entre gotas y murmullos de canción.

Ella le sonreío a su reflejo, segura de que él no la podía ver.

"¿Ah sí?" le preguntó. Se acomodó el cerquillo y la remera. Tomó la botellita de Coca Light del suelo y la reposó sobre la mesa de luz.

"Sí. Me gusta todo de vos. Me encantás."

Él le había pedido que se quedara cerca, así podía seguir hablando con ella desde la ducha. El intento deliberado de cotidianeidad forzada la enterneció lo suficiente como para acceder a abandonar el sillón del estar y caminar hacia el dormitorio, botella de Coca Light en mano.

"Mirá." Volvió a sonreírle a su reflejo. Esta vez, él corrió la cortina de plástico y pudo captar los últimos nanosegundos de su sonrisa.

"Veo."

Ella lo miró y levantó una ceja. Se volvió a sentar de espaldas a él y escuchó cómo la cortina se volvía a correr. Compartieron un silencio fortuito, resquebrajado por el agua que caía contra la cerámica de la bañera y las voces lejanas del televisor. De vez en cuando, el viento soplaba contra las ventanas que daban al mar.

"Me siento tan malcriado."

"Yo también," le respondió ella. "Voy a pedir más Coca Light."
 
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